En esta ocasión seré uno más de los que dediquen sus líneas a lo ocurrido en San Salvador Atenco, ahora a las luces de los reclamos por el excesivo uso de la violencia policiaca que incluso han llegado a demandas por violación a varias de las mujeres arrestadas en los incidentes.
Recién sucedidos los hechos, una muy buena parte de la percepción social fue de aprobación por el uso de la fuerza pública para ponerles un alto a los engendros sociales macheteros. Grupúsculos violentos que no respetan el más elemental de los órdenes públicos, que se creen con derechos a secuestrar, tomar edificios públicos, bloquear vías de comunicación etc. sin la mínima justificación coherente.
Movimientos como los macheteros, panchos villas y no se cuantos pueblos, son grupos que no proponen nada sino destruir lo mucho o poco que hay. Además el hecho de no tener propuestas para construir algo solo demuestra que el verdadero interés es el del poder para sus líderes.
Quizá por estos motivos la gente se alegró de lo sucedido, al final de cuentas para algo se le paga al gobierno.
Pero ahora conocemos otros hechos, los policías federales y estatales agarraron parejo a golpes, semi-desnudaron mujeres, apilaron retenidos unos encima de otros, sangre, insultos, tortura, incluso hay demandas por aberrantes ofensas sexuales.
Quizá las fuerzas del orden desbordaron su ignorante capacidad de autocontrol, probablemente su inferioridad mental, intelectual y sobre todo moral provocó el desenfreno pasional de la violencia y la fría crueldad que nos relatan las víctimas. Yo me imagino al policía de baja autoestima que ve en ese tipo de situaciones un festín para demostrarse que al menos una vez es superior a los demás. Al policía que no tiene la capacidad de darle un cause digno a su sexualidad y que aprovecha el aquelarre para forzar a una mujer.
Todo esto es muy triste. Es muy triste porque no dudo que haya habido policías valiosos que entendieran que su misión fue servir a la patria, policías que hicieran uso de la fuerza y de la violencia porque era su deber moral hacerlo, pero con templanza, deteniéndose en el momento justo cuando ya no fuera necesario seguir y tratando a los subyugados como seres humanos, no como sus amigos, pero si como personas.
Lo importante de todo esto es no perder el punto de equilibrio, es mentira que los inconformes estaban bien y la policía mal, como también es mentira que la policía tenía todo el derecho de aplicar la violencia extrema. Los hechos son claros, en ambas partes hay presuntos crímenes y ambos bandos violaron elementales derechos humanos.
El país no necesita más macheteros de Atenco ni más policías violentos. La gente que bloqueó la carretera estaba mal, la gente que secuestró estaba mal, la gente que pateó a los policías inconcientes estaba mal, los 8 floristas que optaron por la violencia por no estar de acuerdo con la mayoría de sus compañeros estaba mal, los lidercillos rabones y sus hijas que incitaron a la violencia están mal, los que amenazan con machetes están mal, los tipos en calzones sobre la avenida Reforma están mal y están gordos, las tipas que se desnudan en Reforma para protestar están mal, están gordas y a mi gusto feas, aunque eso no es tan importante.
Los policías que se aprovecharon de los detenidos están muy mal, los y las policías que insultaban a quienes subían a los camiones están mal, quienes manosearon a las mujeres están muy mal, quienes no respetaron los derechos de los detenidos están mal y quienes abusaron sexualmente de personas indefensas son los peores de todos y merecen ser severa y ejemplarmente castigados.
Pero seamos razonables, los ataque a las vías públicas no pueden ser solapados, muchos mexicanos se ven afectados por esto. El estado de derecho tiene que hacerse valer y si un grupo armado o sin armas toma de nuevo un pueblo o bloquea una vía federal de forma ilegal, el gobierno está obligado a imponer el orden, pero con inteligencia y sin excesos. Esa es la garantía de un futuro en un estado democrático legal.
Por lo pronto esperemos a ver las pruebas de ambas partes, no vaya a ser que todo sea mentira.