No me parece necesario reafirmar la inmadurez de nuestra democracia. La infancia nos duró casi todo el siglo XX y solo hasta finales de de esos años comenzamos a ver los primeros logros tangibles de las voluntades individuales representadas en el voto.
Y si bien estamos avanzando, en el ejercicio político en este país y muy en especial en el ejercicio electoral nos seguimos comportando como una sociedad pre-adolescente.
Encuestas:
Sin querer ser muy exhaustivos, solo basta remarcar la tendencia generalizada de ver la contienda como una suerte de reality-show, algo parecido a la televisión abierta de domingo por la noche.
Según pasan los meses, las mayores discusiones se enfocan en las tendencias de las encuestas, que si tal candidato va a arriba, que si el otro está bajando, etc. Lo mismo que se platica de Big Brother.
Por supuesto que las encuestas por si mismas no tiene nada de malo, al contrario, la información de las encuestas es también un garante para la democracia y en la actualidad son un “seguro contra accidentes” del “sistema” que nos protegen de los “Barlett’s”. Es muy importante que se den a conocer diferentes trabajos y que todos estemos al pendiente, pero esto da paso al siguiente punto.
Candidatos: