Las elecciones más importantes

No me refiero a la tan traída y llevada oración del INE en el que se habla los miles de puestos de elección popular, locales y federales, que estarán en disputa en el proceso electoral que arrancó en esta semana.

Tampoco me refiero a las declaraciones, tan traídas y llevadas, del presidente en cada una de sus mañaneras, las cuales pueden afectar la gobernabilidad durante y después de la jornada comicial del próximo junio.

Y definitivamente, no me refiero lo que suceda con los tan traídos y llevados procesos de registro de los nuevos partidos políticos. Agrupaciones que no entienden que al pan con lo mismo ya le salió moho.

Lo que quiero decir con “elecciones más importantes” es que ha llegado el momento de averiguar si la sociedad mexicana, esa gran mayoría silenciosa conformada por todos aquellos que no sacaremos tajada de los resultados electorales, pero nos veremos profundamente afectados por ellos, se encuentra a la altura de lo que este momento histórico.

Algo que es aún más cierto que en 2018. Y es que mucho ha cambiado desde entonces, no todo para bien y de diversas formas.

La polarización en la que hemos permitido que caiga la sociedad mexicana es mucho más profunda que en la elección que determinó, con un golpe de timón, el cambio hacia el guinda en el espectro político nacional.

Esto aunado a que, a pesar de lo que nos quiere hacer creer el presidente y sus coequiperos, si existen núcleos regionales fuertes de militancia y simpatizantes de otras opciones políticas diferentes a MORENA.

A lo anterior hay que añadir la crisis que el sistema electoral mexicano vive.

La bajísima credibilidad que goza entre la ciudadanía es producto del golpeteo constante de parte de partidos políticos, medios y académicos militantes. Sin duda el principal bully es el mismo presidente de la república, pero ningún dirigente de bancada, gobernador presidente de partido duda en subirse al carro de la agresión hacia el INE y el TEPJF, si es útil a sus intereses políticos inmediatos.

Este golpeteo hace un gran eco en los medios de comunicación, que siguen anhelando cancelar el actual sistema de comunicación electoral para regresar a los tiempos de la venta libre y a discreción de tiempo aire para la propaganda de las elecciones.

De esta forma, los ciudadanos nos hemos creído sus historias que, de tanto repetirlas creemos que son ciertas, con lo que entramos de forma voluntaria a la trampa de la desconfianza y la polarización gratuitas.

 

 

El papel que nos toca a los ciudadanos, las OSC y los académicos en 2021 es el de generar el contrapeso que la información veraz y verificada puede establecer, algo necesario para analizar y fiscalizar a los candidatos y sus partidos.

Revisar perfiles y propuestas, acudir a votar si hay elecciones internas en las diferentes entidades y niveles en los que sea posible y, sobre todo, no dejarnos arrastrar por la marejada de fake news, posverdad y Deep fakes que intentan desde ya desinformarnos.

Esto solo puede suceder si asumimos nuestro papel de ciudadanía activa, conocedora de lo que está en juego, de las reglas y consciente de la cancha y de los antecedentes de los jugadores, pero sin olvidar que el estadio y cada uno de los que se paran en el campo de juego nos deben explicaciones a cada paso que dan y sin remilgos, según la ley.

No importa si uno es morenista, panista o tricolor, si nuestras simpatías van hacia la derecha o la izquierda, si no dejamos de creer en dogmas de fe (el mejor/peor presidente) nunca podremos madurar los suficiente como para elegir legisladores y gobernantes de la calidad que se necesita.

Por eso estas son las elecciones más importantes de la historia, porque es la mejor y más urgente ocasión de que tomemos las riendas de la política en favor de nosotros, dejando atrás a los grupos y caudillos que nada más medran con nuestro voto y dinero.

Veamos si somos capaces.

@HigueraB

#InterpretePolitico

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