A propósito del 2 de julio

Eduardo Higuera

La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás.

Winston Churchill

 

No hay espacio a la controversia cuando hablamos de los errores y la corrupción de los sexenios anteriores al 2018, los datos son contundentes.

Sin duda hay muchas razones de peso (y de pesos) por las cuales llamar a cuentas ante la justicia a varios expresidentes, cientos de exgobernadores, senadores, diputados y demás ralea de la clase política ahora llamada neoliberal con el fin de hacer un antes y un después. Eso nadie puede negarlo, el abuso y la rapiña fueron descaradas casi sin límites por décadas.

No obstante, como recurso retórico para la defensa del actual gobierno (no es un régimen diferente, a pesar de que eso dicen desde palacio nacional) es un discurso realmente penoso y falaz.

Penoso porque en lugar de resaltar lo que se ha logrado, como el pago de deudas multimillonarias al SAT de parte de grandes empresas, esta óptica opta por tratar de desaparecer las cosas buenas que se construyeron en el pasado a ver si de este modo el gobierno actual nos convence de su calidad única e irrepetible, al menos desde Juárez. Del pasado provienen las leyes que dan legitimidad al actual gobierno de México, por ejemplo.

El recurso fácil de la denostación masiva del pasado solamente evidencia la pequeñez interior con la que se enfrenta la enorme tarea de tratar de corregir el rumbo de México para alejarlo de la corrupción, las malas prácticas generalizadas, la delincuencia y las clases políticas abusivas y saqueadoras.

Falaz porque el maniqueísmo tiene que serlo para existir y ser eficaz en su conversión de mentes y conciencias.

Pareciera que se busca convencernos de que todo estuvo mal antes, que no existía la decencia, el trabajo arduo, la búsqueda de soluciones para los grandes males que aquejaban y aquejan al país. No se puede pensar que cuando se repite la propaganda afirmando que ningún funcionario del pasado fue honesto es algo bueno o justo. Yo pude ver a mi padre partirse el alma desde secretarias federales y direcciones estatales por unos 40 años en favor de México, sin tomar un centavo que no le correspondiera, como funcionario de gobiernos priistas. Y así como él, sé que decenas de millones de mexicanos lucharon de forma soterrada contra las limitantes y reglas sistémicas con el fin de hacer avanzar este país.

Lo mismo me pasa con esa actitud de muchos partidarios irrestrictos de AMLO al afirmar que él llegó al poder solo por su fuerza de voluntad y por su liderazgo iluminado por la historia. De esa forma dejamos de lado a millones de personas que protestaron y lucharon contra el priismo rancio para lograr que, poco a poco, se construyera progresivamente una democracia entre el río Hondo y el río Bravo.

Para nada ha sido algo perfecto pues se logró de forma paulatina y progresiva, con leyes e instituciones cada vez más independientes y adecuadas, pero logramos democratizarnos. ¿Se logró la perfección?, para nada, pero íbamos por el buen camino. Tres partidos diferentes que triunfan  en cuatro elecciones presidenciales me parece que es un buen comienzo.

Los que dicen que se logró el triunfo de 2018 a pesar y no gracias al INE deben estudiar los cambios y modificaciones que la ley sufrió desde 2006, para darse cuenta de que no eran las mismas condiciones, las generalizaciones son siempre un instrumento de la falacia

La democracia no nació hace dos años, más bien hace dos años se logró una nueva alternancia en 2018 porque desde 1976, por lo menos, se inició la construcción de una democracia mexicana.

Para mí es evidente que, en el afán de demostrar que las personas que ocupan actualmente el poder son diferentes a todas las que han venido antes que ellos, se falta al respeto a muchos mexicanos que cumplieron con su deber cívico y ciudadano desde décadas antes, a pesar de todas las presiones a las que se enfrentaron.

Mi madre fue funcionaria de casilla en dos elecciones y fue escrupulosa y honesta, en el apogeo del priato. Dos de mis tías, Licha y Pita, fueron representantes de casilla de partidos de oposición y desde ese lugar impidieron acciones electorales fraudulentas, un granito de arena importante en ambos casos.

La apropiación por parte de una figura caudillesca de esos trabajos y esfuerzo me parece, al menos, corta de memoria y respeto.

Lo mismo ocurre cuando hablamos de la forma en que se han llevado a cambio las modificaciones y los intentos fallidos para acomodar las leyes, la Constitución y el diseño del Estado mexicano a la imagen de un proyecto de liderazgo que ha resultado cercano al autoritarismo.

Creo que el sexenio aún da tiempo para corregir algunas cosas y mejorar las que se han hecho con buena intención.

Sería interesante que en lugar de becas para “aprendices” en medio de un escenario de recesión profunda se pararan los proyectos faraónicos y esos recursos se orientaran para que esos mismos jóvenes construyeran el futuro con créditos a la palabra o blandos con la generación de decenas de miles microempresas que, en lugar de exprimir una vez a las empresas grandes, ampliaran la base formal de empleos, de recaudación y de distribución de la riqueza en una capa mucho más horizontal. Es mejor empoderar el pueblo que volverlo clientela.

Hablando de recaudación también sería algo revolucionario que se genere una reforma fiscal para que no hubiera necesidad de exprimir a las empresas grandes una vez cada diez años en forma voluntariosa y discrecional. Así de paso se podría desparecer todo espacio para condonaciones. Además, esto podría ocurrir sin quitar o reducir las becas a personas de tercera edad, pues los recursos de los tres proyectos mascotas permitirían ambas políticas.

También deberíamos pensar en impulsar la innovación y la ciencia en lugar de combatirlas. Así la brecha que nos hace dependientes del norte se podría reducir poco a poco, pero de forma sostenida. Podríamos enfatizar algunos estados y grupos: las jefas de familia, trabajadoras y de pueblos originarios o las que están en situación de ser madres solteras por una migración forzada serían buenos grupos prioritarios.

Ni se hace justicia a todos los que dieron su fuerza, convicción y hasta la vida para lograr que se diera el gobierno obradorista, ni tampoco sirve para justificar el mediocre y a veces ilegal desempeño actual. No hay porque compararnos hacia abajo si lo que queremos es ir hacia arriba.

Ojalá Lozoya pase años en la cárcel y con él, Peña. Ojalá también ocurra eso con Calderón y su secretario de seguridad, pero que sea por delitos reales como colusión y crimen organizado comprobados de acuerdo con el derecho, no por vendetta política.

Y espero que el actual gobierno cese en sus intentos de desmantelar muchas instituciones y órganos autónomos que parecen estorbarle y/o que no entiende. Son perfectibles pero necesarios.

Si esto ocurre, estoy seguro de que en verdad, juntos haremos historia.

#InterpretePolitico

@HigueraB

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