Fin de fiesta

Eduardo Higuera

La democracia no se agota en las urnas, implica también el respeto absoluto a la voluntad del pueblo, así como en los términos en que fue otorgada; cuando los ciudadanos votamos, no votamos en blanco, votamos por una persona y por un plazo.

Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, presidente de la SCJN

Este lunes, la Suprema corte de Justicia de la nación marcó el fin de la ilegal y cínica fiesta del gobernador de Baja California, Jaime Bonilla Valdez.

Con un histórico fallo que se puede considerar en concordancia con los emitidos por parte del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el máximo tribunal ha dejado en claro lo que toda persona que conoce un poco de leyes y procedimientos electorales sabía: el intento por sumar tres años más a su mandato no solo fue un acto contrario a la norma fundamental de nuestro país, sino que además puso en evidencia el talante antidemocrático de Bonilla y sus secuaces, así como su falta de respeto por el maco legal. Además de una falta de respeto extrema por los votantes de su estado, a los que ha tratado de engañar como si se tratara de una punta de idiotas.

La fiesta bonillista buscaba lograr la imposición de su voluntad personal sobre las leyes de nuestra nación. Algo semejante, pero mucho menos cómico, a las acciones que realiza el personaje de Demián Alcázar en contra de la ley en la comedia de humor negro “la ley de herodes”.

En estos tiempos en los que la polarización y el encono social son norma y parece que el barco político ha perdido el rumbo es esperanzador ver que, en los momentos trascendentes, se puede contar con los contrapesos del Estado mexicano para poner orden en la vida institucional.

Aún así, no podemos cantar victoria de ninguna forma. Las partes interesadas ya han levantado sus voces en las redes sociales para desviar el mérito o ejercer un escepticismo lleno de interés.

En el primer caso, los incondicionales del actual gobierno han tratado de desviar el mérito de las y los Ministros al decir que si la Suprema Corte ha realizado su trabajo se debe exclusivamente a que el presidente respeta la división de poderes. La historia de renuncias opacas y provocadas, así como el accionar del ejecutivo no soportan tal idea. Sin contar que ese no es mérito, es la obligación del presidente desde el momento que protestó cumplir y hacer cumplir la constitución de nuestro país.

En el segundo caso, los opositores que no tiene paz han declarado que este fallo solo es el resultado de el enfrentamiento que Bonilla tuvo con el gobierno federal, al afirmar que no se apoyaba a los médicos que combaten la pandemia en su entidad y que las cifras estaban maquilladas, engañando a la población.

Más allá de pensar si esto es cierto o no, los actores políticos que la tiene jurada contra el gobierno de la 4T no se dan cuenta que en realidad están haciendo su trabajo al afirmar implícitamente que siguen solo los designios del primer mandatario, es decir dejándolos en el papel de títeres y olvidando la importancia de su labor en este caso.

Ambas posiciones denotan la mentalidad de los que crecieron bajo la presidencia imperial y piensan que no hay otra forma de abordar y pensar al país y sus hechos, algo que por fortuna ya no es tan cierto como en el siglo pasado.

En lo personal me quedo con el hecho puro y duro de que, por unanimidad, la Corte dijo no a la infame ley bonilla y al gobernador que siente que sus caprichos y obsesiones se encuentran por encima de todas las normas. Como si un dios todo poderoso lo hubiera ungido y no el voto de las personas, a través de un marco institucional y legal que permitió la realización de las elecciones y garantiza el respeto a la voluntad de los ciudadanos que en ella participaron.

Felicidades a todos los miembros del pleno de la SCJN. La Historia, así con mayúscula, les saluda por cumplir con su deber.

@HigueraB

#LordSinEmbargo

Posted in Editorial.