- La mejor actuación que haya tenido alguna selección mexicana en todos los tiempos tuvo su final perfecto.
- Como se esperaba, México salió desde el primer minuto a buscar la posesión de balón y Uruguay a esperar.

Hace meses, nadie los conocía. Sus rostros y nombres eran extraños. Hoy, son parte de la historia, una lista de oro para recordar y agradecer toda la vida la incomensurable alegría, que con sus piernas le han dado por un momento a un país azotado por las calamidades. Largos meses de concentración, soñar con el momento de levantar la Copa del Mundo durante toda la vida y ganar a los uruguayos en 90 largos minutos. Siete partidos, siete victorias.
Nunca una selección de México había ganado cuatro partidos seguidos en un Mundial de cualquier categoría. Ninguna había ganado más de cinco encuentros en un campeonato de la FIFA.
Con goles de Antonio Briseño y Giovani Casillas, México venció a Uruguay 2-0 para ganar su séptimo partido seguido de la competencia y coronarse campeón mundial Sub17 el domingo en un pletórico Estadio Azteca.
La llamada “Generación Dorada” de jóvenes futbolistas mexicanos, que hace seis años conquistó el título del Mundial Sub17 en Perú, ya no está sola en el más alto peldaño alcanzado por el fútbol azteca. Ahora se ve acompañada por los nombres de Briseño, Casillas, Carlos Fierro, Julio Gómez, Jorge Espericueta, Marco Bueno y otros juveniles dirigidos por Raúl Gutiérrez.
“¡México, México!”, exclamó el monstruo verde en el que se convirtió el Estadio Azteca. La afición mexicana se encargó de ahogar los sobresaltos que provocaron los uruguayos con dos tiros al poste, que fatalmente (para ellos) fueron la muestra de la suerte de campeón de los dirigidos por Raúl Gutiérrez.
El Azteca se hizo sentir, para que se subiera al trono el primer anfitrión en la historia del Mundial Sub-17.
El primer gol mexicano llegó a los 31 minutos, cuando el capitán Briseño empujó con el pie derecho un inmejorable pase de cabeza de Carlos Fierro, tras un largo servicio de Kevin Escamilla al segundo poste. Briseño no conectó bien la pelota, pero su remate salió colocado para irse a las redes y desencadenar el grito de unos 100.000 espectadores en el Azteca.
El júbilo de un nuevo campeonato en las vitrinas del futbol mexicano dio a los fanáticos el pretexto para inventar una nueva arenga: “¡Fua!” se escuchaba en cada despeje del guardameta Richard Sánchez. Ese grito de origen etílico fue un símbolo a la alegría que sólo da sentirse los mejores del mundo
A falta de unos minutos para las seis de la tarde, uno a uno de los elementos tricolores salieron a la cancha para escuchar el Himno Nacional. Fue una entonación histórica, el Coloso jamás lo había hecho en una final de Mundial.
La Copa del Mundo relució en el cielo mexicano, bajo el cobijo de un Coloso al grito de ¡Oe, oe, oe, campeón!”
Gómez fue premiado con el Balón de Oro como el mejor jugador del torneo. Ese gol suyo de chilena en las semifinales, a pesar de jugar cortado de la cabeza, fue sin duda la jugada del Mundial. Otros dos mexicanos le acompañaron en los premios individuales, pues Espericueta se llevó el Balón de Plata y Fierro el de bronce.
No obstante el dominio azteca, fueron los charrúas quienes tuvieron la primera oportunidad de gol, cuando en un contraataque a los 26 minutos Alvarez tiró desviado en una jugada en la que atacaban tres y defendían dos. El mismo Alvarez puso su duro disparo cruzado desde fuera del área contra la base del poste, a los 34 minutos.
Lo chusco. Durante la premiación se le facilitó al presidente Felipe Calderón una medalla , en la primera ronda de premiación, el jefe del ejecutivo no pudo colocarla. Ya era tal su desesperación para ya no portarle, en su segunda oportunidad se la colgó a uno de los asistentes técnicos, el cual ya llevaba la propia. Obviamente el C. presidente era un invitado más a la fiesta, los futbolistas, se llenaban la boca por saludar a los personajes de la fe FIFA y de la Federación Mexicana, en fin no siempre se puede ser protagonista.
¡Viva la selección de México, campeona del mundo!















